UNA ESPONJA QUE FLOTA EN UN MAR

“Todos los bebés nacen con tres “cositas” que nadie ve, pero que están ahí: una esponja que flota en un mar, unas alas y una gran biblioteca”

Así empieza uno de los capítulos del libro “Todos los niños heridos”. La esponja no es más que nuestro inminente cerebro absorbiendo información, sobretodo la prioritaria para sobrevivir, y que flota en el poético mar del líquido cefalorraquídeo.

Esta magnífica maquinaria tiene un hambre insaciable durante la infancia. Los estímulos aumentan las conexiones entre neuronas, creando nuevos circuitos cerebrales en el proceso de aprendizaje. Y según la teoría de las podas sinápticas , cerrando otros por desuso. Así se va conformando nuestra programación. Los guías de esta increíble estimulación, tanto cognitiva como sensorial, y de esta poda son nuestros padres y sus propias esponjas.

Hay una función que aprenderemos muy temprano y que nos hará sufrir enormemente: COMPARAR.

Comparar es examinar dos o más cosas para ver sus diferencias y semejanzas. Y del verbo “comparare”, en latín, deriva “comprar”. ¡Qué curioso! Pues una vez cotejamos dos cosas, te decides por una y la adquieres.

Y esto está muy bien en el mercado. Pero no somos mercancía. Y cuando se aplica a personas en vez de a cosas, siempre hay una que sale perdiendo y otra que queda por encima.

Normalmente no te comparan para resaltar tu virtud, sino para resaltar la de otro y que tú te esfuerces en alcanzarla. Si te comparan con tu hermano más simpático, o con tu hermana más estudiosa, varios agujeritos de tu esponja quedarán “tocados y hundidos”. El resultado de una comparación siempre será una desvalorización. Nuestro valor como personas se cuestiona y dejamos de vernos como un Ser Único e Incomparable.

¿La responsabilidad de nosotros como adultos? Sanar nuestro niño devaluado. Ser conscientes de nuestros pensamientos automáticos cuando salimos perdiendo al compararnos con el vecino y su coche deportivo, o cuando nos sentimos feas frente a la actriz de moda. Ese pensamiento arraigó en nuestra mente cuando eramos niños y a lo largo de los años se ha ido fortaleciendo. Pero toda programación automática se resuelve con la mirada de tu consciencia.

¿La responsabilidad de nosotros como padres? Sanar nuestro niño interno. Solo una esponja llena de pensamientos sanos puede estimular y alimentar, de forma benéfica la esponja de nuestros seres más queridos. Recuerda que no puedes sembrar nada que tú no tengas creciendo en tu interior.

Eres un Ser Único e Irrepetible y lo mejor de todo es que tú decides lo que habita en tu esponja, quiero decir, en tu mente.

Eva Vergara Ucelay