VEN RATAS DONDE SOLO HAY MIRLOS

El miedo es un mal consejero. Nos hace ver la realidad desde lo que nos asusta y esa realidad se convierte en una pesadilla que alimenta nuestros mayores temores. Es un feed-back positivo: cuanto más miedo, una realidad más atemorizante.

El miedo en su origen nos previene de situaciones peligrosas, y es sano y sensato escuchar su advertencia, pero ¿cuando deja de ser sano?, ¿cuando empieza a cortarnos las alas y asfixiarnos?

Cuando limita nuestra vida. Empezamos a dejar de hacer cosas, de conocer a personas y vamos reduciendo nuestra existencia a lo que nos es familiar para evitar la incertidumbre, la posibilidad de que acabe mal. Sin embargo, al mismo tiempo que evitamos esa posibilidad, también debemos sacrificar las otras posibilidades: la de que salga genial, la de que salga bien y la de que no salga tan bien como esperábamos.

La vida se reduce, y la vida por definición es diversidad, expansión y sorpresa.

La vida ocurre a través de nosotros porque lo que hay fuera, solo es un reflejo de lo que hay dentro. Por eso cuando entramos a ver una película al cine, cada uno de los espectadores ve una película diferente. Cada uno la filtra por sus creencias y sus miedos, por sus programaciones familiares. Y a unos les parecerá absurda y a otros una obra maestra. Incluso habrá escenas que algunos no vean, pasen por alto y no se den cuenta mientras otros perciban el más mínimo detalle.

Preguntaros si esos miedos y creencias limitantes siempre estuvieron ahí, si es así, tal vez no sean vuestros, tal vez os los inculcaron. En ese caso, no os pertenecen. Decidir si los queréis en vuestra vida o no. Y si han sido fruto de vuestras propias experiencias, os invito a reconsiderar las conclusiones que sacasteis en aquel momento. Solamente por si acaso en este momento, desde otra perspectiva y madurez los podéis gestionar de otra manera.

La vida es un paseo por un jardín exuberante: algunos verán ratas donde sólo hay mirlos.

Y diréis: ¿cómo sabes que hay mirlos, tal vez en realidad sean ratas?

Tenéis razón. Todo depende de dónde ponga mi atención.

Prefiero ver mirlos, y no perderme el paseo.

Eva Vergara Ucelay