¿Hasta dónde llega la fidelidad de los animales?

 

Más allá de los mitos más antiguos donde se hablaba de la fidelidad de los animales, más allá de que no se separen de nuestra cama cuando estamos enfermos o que sean los primeros en notar que estamos tristes, está lo que yo llamo…. “en la salud y en la enfermedad, en la pobreza o en la riqueza, todos los días de sus vidas”. Es una especie de compromiso que adquieren por amor, sin que se celebre ninguna ceremonia, pero a la que son leales incondicionalmente.

Los animales que comparten con nosotros nuestras casas, nuestras comidas y por qué no, nuestras camas, también están presentes en nuestras discusiones, sienten nuestros problemas y comparten el estrés diario como si fueran una prolongación de nosotros mismos, y hago hincapié en la palabra nuestras con un propósito.

Hablar de discusiones, de problemas y estrés es hablar de emociones, es hablar de energía. Y los animales son receptores magníficos. No tienen una mente que les distraiga con pensamientos repetitivos de todo tipo. Son radares de nuestros estados de ánimo, conscientes pero sobretodo inconscientes y de algún modo son capaces de cargar con nuestro exceso de dramas, con nuestro exceso de conflictos y ayudarnos a sobrellevar situaciones que podrían llegar a desbordarnos cuando se superan ciertos límites.

En estas circunstancias, cuando se sobrepasan esos términos, hasta el punto de desestabilizarnos, sobreviene el fenómeno de la conversión. El doctor Salomón Sellan explica que la conversión es la” transformación de la actividad conflictual psíquica en un síntoma”, un síntoma físico con el objetivo de disminuir el estrés interior. Y no cualquier síntoma, cada tipo de conflicto, va a ser somatizado, va a ser expresado en el cuerpo, de una manera diferente.

En la actualidad, tanto el citado Dr. Sellan en Francia, discípulo del médico alemán, Ryke G. Hamer, padre de la Nueva Medicina Germánica; como aquí en España mi amigo Paco Vinagre, codesarrollador del sistema terapéutico Libertad Emocional, la antropóloga y fisioterapeuta argentina Angeles Wolder, directora de la Escuela de Descodificación Biológica Original o el psicólogo catalán Enric Corbera, con la Bioneuroemoción, son personajes muy conocidos en el ámbito de esta nueva visión de la enfermedad, que defienden la conexión de la enfermedad con el conflicto o estrés emocional, ya sea de la propia persona o de sus antepasados.

En este sentido los animales se comportan como una prolongación de nuestro propio cuerpo, somatizando o convirtiendo un problema nuestro en una enfermedad suya. Esto es un hecho que los veterinarios conocemos bien. Ciertamente no les ocurre a todos los animales, ni todas las enfermedades de nuestras mascotas hablan de conflictos internos de sus dueños, pero es una posibilidad que no hay que dejar de lado.

Para que se manifieste un síntoma, el estrés emocional que lo precede debe cumplir ciertos requisitos: como la fuerza dramática, lo inesperado de la situación y que la persona no pueda expresar o compartir su resentir. Otra característica es que no se le encuentra solución alguna al conflicto y en el caso particular de los animales, debe haber un vínculo especialmente intenso entre el humano y su mascota. Un animal nunca va a somatizar un conflicto de alguien por el que no sienta pasión.

Recientemente tuve el caso de una pekinesa con el azúcar por las nubes. Betty no era una perrita de edad avanzada ni con sobrepeso y me pareció un tanto curioso que no encajase con el perfil habitual. Pregunté a su dueña si ella era diabética. La respuesta fue negativa. Le pregunté si alguien de la familia lo era, la reacción no se hizo esperar: “si, mi marido”. ¿Cómo sería el vínculo de unión entre ellos? La mujer comentó que allá donde iba su marido, detrás iba Betty. Le esperaba en la puerta del baño a que saliera, iba tras él cuando se acostaba para dormir a sus pies, textualmente dijo “los demás no existimos para ella”.

Los gatos lejos de parecer indiferentes o fríos a lo que les ocurre a sus dueños, son otro ejemplo de compromiso “en la salud y en la enfermedad…todos los días de su vida”. Tengo especial cariño a una gatita, Cleopatra, que operé de tumores de mama hace poco tiempo. La dueña, una mujer separada de mediana edad se enfrentaba a la difícil situación de sacar adelante a sus tres hijos, uno de ellos con bastantes problemas de salud. A groso modo y sin entrar en tecnicismos, en Biodescodificación, los tumores de mama de tipo glandular, hablan de un conflicto en el hogar donde la preocupación por el hijo supera los límites de los que antes hablábamos.

En el caso de la perrita, el dueño mantenía una tasa de glucemia bastante próxima a la normalidad sin llegar a pincharse insulina, aunque si medicándose con antiglucemiantes orales.

En el caso de la gatita, la mujer no desarrolló patología alguna.

El proyecto LINDA, que inicié en 2014, se sumerge en estas investigaciones; sin embargo para llegar a conclusiones y resultados fiables se necesita la colaboración y sobretodo, la mente abierta del propietario para aportar detalles de su vida familiar o personal que arrojen luz a la sintomatología de su mascota.

Perro con sentimientos

En los ejemplos anteriores, creo que los animales ayudaron a sus amos a gestionar su estrés, somatizando estas enfermedades. Betty permitió que su dueño pudiese medicarse lo menos posible y en el caso de Cleopatra, tal vez evitara a su dueña pasar por quirófano o incluso le salvara la vida. Algo verdaderamente impactante.

Cuando nuestras mascotas enferman, y sobre todo cuando desarrollan la misma enfermedad que nosotros o algún familiar, debemos plantearnos esta posibilidad y dejar de pensar que el origen de las dolencias, tanto físicas como mentales, es fortuito.

Me gustaría acabar citando a James Herriot, autor de Un veterinario en apuros, entre otros títulos maravillosos: “Si tener alma significa ser capaz de sentir amor, lealtad y gratitud, los animales son mejores que muchos humanos”. Y desear que el anhelo de conocimiento del ser humano sea más grande que el miedo a lo desconocido o el miedo a trascender paradigmas científicos obsoletos.

Eva Vergara Ucelay

VIRUS CONTRA EMOCIONES

 

Desde que tengo recuerdos de las clases de Naturales  siempre me han presentado a los virus y a las bacterias como esos “microbichos”, de muy malas intenciones, con los que es mejor no toparse.  Recuerdo el esquema de invasión de un virus dibujado con tiza en la pizarra y cómo la célula quedaba devastada después de que la hubieran  utilizado para formar cientos de clones virales. De hecho, mi profesora de Biología, en sus explicaciones, utilizaba palabras como: “lucha”, “invasión”, “muerte”.

Pero no fue hasta la facultad en donde me enseñaron  la estrategia exacta  de incursión  de cada uno de los microorganismos llamados patógenos. La palabra Patogenia significa origen de la enfermedad, por tanto un patógeno es aquel que causa la enfermedad.

La Descodificación Biológica, la Nueva Medicina y similares plantean que el origen de la enfermedad es un Bioshock. Un Bioshock es una vivencia dramática e inesperada, a la que no se le encuentra solución, ni se expresa o comparte con nadie; una vivencia capaz de poner en estrés a la persona, capaz de activar el Sistema Nervioso Autónomo.

Y si un impacto emocional de tales características es el responsable de nuestras dolencias, en qué lugar quedan los microbios, tanto los llamados patógenos como los más de cien  mil millones de microbios que viven en simbiosis en nuestro intestino o nuestra piel.

El hecho de aislar microorganismos de la sangre o de los tejidos de un paciente, hasta ahora los ha responsabilizado de todo su cuadro sintomático. Pero hacer eso sería lo mismo que culpar a los bomberos de los incendios. Siempre que somos testigos de algún incendio, la zona se llena de bomberos, por fuera y por dentro del edificio. Llegan con sus vehículos, decenas de hombres uniformados  y se distribuyen por todas partes.  Si, actúan como los microbios.

Pero todo el mundo sabe que están allí para ayudar y nadie les interrumpe en su tarea. Fue el Dr.Ryke G. Hamer y su 4º ley biológica, el sistema ontogenético de los microbios,  el que se percató de la función de los virus, bacterias y hongos en nuestras  “enfermedades”.

Cuando se desarrollaron nuestros órganos a través del curso de la evolución, con ellos se desarrollaron tipos muy específicos de microorganismos; de hecho cada hoja embrionaria tiene sus gérmenes definidos (se muestra en el esquema).

El propósito biológico de los millones de microorganismos que viven en nuestro cuerpo es procurar el buen estado de los tejidos. Se diferencian dos fases en una enfermedad: la fase de estrés o de conflicto activo y la segunda llamada fase de reparación; pues bien los microorganismos  siempre actúan en la fase de reparación del conflicto emocional, cuando el sistema nervioso vegetativo se relaja porque ha encontrado la solución o una vía de salida para lo que le tenía estresado.

Así en el ENDODERMO, que es la capa más interna del embrión y que posteriormente dará lugar al sistema digestivo y parte del respiratorio, entre otros. En ella van a actuar los hongos y las micobacterias, descomponiendo, retirando y limpiando, como si fueran verdaderos agentes de mantenimiento, las células que proliferaron en fase de estrés, por ejemplo un tumor en el colon. La  inflamación, la fiebre y el  dolor nos indican que están trabajando, y las molestias que nos puedan ocasionar se asemejan al símil de una calle cortada por obras: vemos trabajadores cavando zanjas, renovando las redes de saneamiento, pavimentando y a nadie se le ocurre culparles del desastre, todo lo contrario.

Un dato interesante, miles de millones de personas en el mundo están infectadas por el Mycobacterium tuberculosis, esto quiere decir que darían positivo en la analítica, pero sorprendentemente no desarrollan síntomas.

 En la capa intermedia o MESODERMO los gérmenes específicos que actúan son las bacterias, éstas  operan en órganos y tejidos controlados por el cerebelo y la sustancia blanca, tales como la dermis, los músculos o las células sanguíneas. Y de nuevo el enrojecimiento y  la hinchazón de una dermatitis, por ejemplo, delatarían su actuación.

Las temibles bacterias, entre otras cosas, han sido fundamentales para la aparición de la vida en la Tierra, creando la atmosfera terrestre mediante fotosíntesis.

 La “Teoría endosimbionte” de Margulis y Sagan, habla de la inclusión de unas bacterias dentro de otras para dar origen a las mitocondrias o los cloroplastos, orgánulos celulares necesarios para la supervivencia de las mismas. El mundo científico ha descubierto  que  los seres vivos somos macroagregados de bacterias, más o menos modificadas. Tal vez este dato nos haga tomar conciencia de su importancia y benignidad: en un ser humano, el número de bacterias es diez veces superior al número de células.

 Y por último el ECTODERMO, la capa más externa. Da lugar a la epidermis, las arterias coronarias, la retina, entre otros. De nuevo la fiebre revela la actuación de los gérmenes específicos que actúan en esta capa: los virus, cuyo cometido es cambiar la información celular.

Las investigaciones están revelando que los virus, al integrarse en los genomas de los seres vivos, pueden ser un mecanismo de adquisición de secuencias complejas de genes, que eventualmente estarían disponibles para la célula en caso de cambios ambientales. En genomas animales y vegetales se han identificado abundantes secuencias de ADN que son “virus endógenos”. ¿Qué es un virus endógeno? Es un virus exógeno, del exterior,  que logra insertar su ADN en las células germinales, es decir células precursoras de los óvulos y espermatozoides que posteriormente darán lugar al nuevo individuo. De esta manera llegan a formar parte de ese organismo.

Los mecanismos que llevan a un cambio evolutivo de una especie se dejaban en manos de mutaciones aleatorias y errores de copia del ADN, pero tanto  la complejidad de los procesos de replicación, como la necesidad de que esa remodelación genética aparezca simultáneamente en varios individuos, para que se lleven a cabo esos saltos evolutivos y por último la evidencia de que los virus endógenos intervienen en la regulación del desarrollo embrionario,  nos llevan a pensar que el azar y el error no son monedas con las que la Vida suela jugar.

Hoy se acepta que en la aparición de los mamíferos jugó un papel primordial un virus endógeno, es decir un virus que vive  en nuestro cuerpo, que permitió la nidificación, la instalación del huevo en el útero. De nuevo un dato interesante, hay miles de retrovirus endógenos en el ADN humano.

La verdad es que la visión tradicional de estar rodeados de microenemigos invisibles, capaces de matarnos si se lo proponen, causa miedo a cualquiera. Un miedo que te hace lavarte las manos constantemente por si acaso has tocado algo infeccioso, un miedo que nos hace separarnos con aprensión de personas enfermas. Es un punto de vista que te mantiene en la dualidad de los buenos y los malos, de las víctimas sin poder alguno.

Pero esta nueva visión, en donde nuestras emociones son las que abren la puerta, te permite responsabilizarte de tu salud: tú te enfermas, tú te sanas. Y, como no podía ser de otro modo, la enfermedad se transforma en una oportunidad de autoconocimiento. Se acabó la lucha, se acabó el miedo. Es un despertar de tu conciencia que te hace crecer, que te libera, trayéndote  paz, perdón, libertad.

Sinceramente, elijo vivir desde este paradigma, porque desde ahí, una vez más la Madre Naturaleza derrocha elegancia y sabiduría. Y hace que todo cobre sentido.

Citando a T. Dobzansky: “Nada tiene sentido en Biología si no es a la luz de la Evolución”, yo preguntaría a Dobzansky si la evolución a la que se refiere es también espiritual, puesto que el ser humano no es un mero cuerpo físico y si la naturaleza se ha tomado tantas molestias para hacernos más capaces y adaptados, que no habrá ideado para hacernos más maduros y felices. Una Evolución meramente física sería incompleta, y la Vida no hace chapuzas.

Permitamos a la enfermedad cumplir con esta función, tomémonos la molestia de escucharla y ver qué nos quiere decir, tal como lo hizo Hamer, con su propio cáncer. Desde aquí nuestro pequeño homenaje al Galileo del siglo XXI, que a pesar de ser descalificado, despojado de su licencia para ejercer la medicina y encarcelado ha mantenido sus descubrimientos al alcance de todos nosotros.

Eva Vergara Ucelay