El adulto interior

Todo vibra en el Universo. Todo tiene una energía que vibra a una determinada frecuencia y a través de los descubrimientos de Masaru Emoto, sabemos que el Agua que somos es influida por todos los estímulos que recibimos, ya sea un color, música o palabras que nos dicen.

Una palabra, un alimento, una persona es información, es vibración.

Hay personas que nos transmiten bienestar y otras, en cambio nos ponen tensos.Cuando nosotros entramos en contacto con una determinada información nos hace sentir bien o nos desagrada. Y si podemos elegir, nos acercaremos a aquello que nos complace y nos alejaremos de lo que nos incomoda.

Pero, ¿y si no pudiéramos elegir?, ¿y si nos impusieran una vibración?, ¿y si no tuviéramos opción de escoger qué alimentos comer, qué imágenes ver, qué personas van a convivir con nosotros, independientemente de lo que nos hagan sentir?

¡Tremendo verdad! Pues esto ocurre cuando somos niños.

Venimos a este mundo y entramos en contacto con otras vibraciones, otras energías. Unas armónicas a nosotros, otras no tanto. Otras completamente discordantes con la nuestra. Y la única forma de expresar ese malestar es llorar.

Tal vez te repitan palabras que te dañan, insultos o menosprecios. Tal vez la impaciencia de tus mayores no admita que tú necesites más tiempo para realizar algo, o la tristeza del hogar donde naciste no tolere la alegría que brota dentro de ti.  Tal vez tu sensibilidad sea exquisita y seas expuesto a imágenes o situaciones grotescas, que no entiendes, ni te explican.

¿Qué haces? Te adaptas. Sobrevives. Integras algunas vibraciones y las haces tuyas. Con aquellas que te incomodan, aprendes a lidiar. En esta adaptación, en este sobrevivir e integrar, en este aprender a lidiar es donde se producen nuestras heridas más profundas. Aquellas que marcarán nuestra vida adulta.

Sanar nuestro niñ@ interno, pasa por recordar nuestra vibración original. Cambia las palabras que te hirieron y que ahora te dices a ti mismo. Date el tiempo que necesites para realizar algo. Recuerda la alegría que brotaba dentro de ti. Alimenta tu sensibilidad y disfruta creando aquello que te satisface.

Evidentemente, el mundo alberga un sinfín de vibraciones y no siempre podemos elegir las que nos rodean. Incluso cuando somos adultos, la libertad consiste en decidir cómo quieres interpretar lo que te ha ocurrido.  Y según pienses sobre algo, según gestiones lo que te ocurre, así te sentirás y así vibrarás.

Pero, ¿y si de adultos tampoco pudiéramos elegir?, ¿y si nos impusieran una vibración?, ¿y si no tuviéramos opción de escoger qué alimentos comer, qué imágenes ver, qué noticias escuchar o qué personas nos van a gobernar?

¡Tremendo verdad! Pues esto ocurre cuando somos adultos.

¿Podemos elegir qué alimentos comer? Me gustaría que las naranjas que como no llevaran insecticidas pero en los supermercados no hay de esas. Podemos elegir entre naranjas grandes y pequeñas, de una marca u otra pero todas llevan Imazalil, como pesticida o similares. Y hablo de frutas, si miramos etiquetas de productos procesados, tenemos que ingerir conservantes, colorantes que llevan letras y números además de la alteración genética de los cereales. La otra opción que encuentro es consumir productos ecológicos a mayor precio.

¿Podemos elegir qué imágenes ver? Me gustaría pasear por la calle y no toparme con carteles de publicidad que agredan mi sensibilidad. Tengo que salir a la calle, así que lo único que se me ocurre para ejercer mi poder es hablar aquí sobre ello y expresar lo que pienso.

¿Puedo elegir qué noticias escuchar? Las noticias que se transmiten por televisión son aquellas que te harán sentir impotencia, miedo, rabia, tristeza y desesperanza. Tú no podrás hacer nada por evitar las desgracias que te están contando, con lo cual añadirás la culpa a tu vibración, pero aun así te las cuentan. No te hablan de lo que pasa en el mundo, porque en el mundo pasan muchas cosas hermosas y  buenas que te harán sentir feliz, y estar orgulloso de pertenecer a la humanidad. Puedes cambiar de canal, pero las noticias serán las mismas en todos. También puedes optar por no encender la televisión.

¿Podemos elegir nuestros líderes? Podemos decidir entre varias personas, cuyas facultades más destacadas son hablar elocuentemente y convencer a los oyentes de que él o ella va a solucionar los problemas que llevan siglos sin solucionar. Sin embargo, no hay opción de elegir entre personas capaces y expertas, que tengan la templanza y la sabiduría necesaria y cuyo objetivo sea el bienestar y la evolución de su pueblo. Esas personas existen, pero no son políticos. La única alternativa es no seguir alimentando este sistema de falsa democracia.

Sanar el Ser de Luz que somos, pasa por recordar nuestra vibración original. Cambiar las historias que nos hirieron y que pesan en nuestro inconsciente colectivo. Somos buenos por naturaleza. La belleza, la bondad y la risa nacen con nosotros, nos pertenecen. Alimenta tu percepción y la confianza en tu guía interior. Tu creatividad es necesaria.

¡Despierta! , hazte consciente de tu realidad. Pon tu foco de atención en tu interior y …¡Brilla!

Eva Vergara Ucelay

 

 

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Es tiempo de Transformación

Sólo en la Oscuridad puede gestarse la Vida.

La oscuridad de la Tierra acoge las semillas, la oscuridad del útero acoge un nuevo Ser y aquí es donde todo comienza.  Los comienzos y los finales son la misma cosa.  La hoja cae del árbol y parece que es su final, pero es solo el comienzo de una nueva etapa de transformación, en donde dejará de ser hoja para formar parte de algo más grande que ella misma. Dejará atrás sus límites para ser algo más ilimitada de lo que era.

Nosotros necesitamos morir de vez en cuando para dejar atrás nuestros límites y renacer algo más ilimitados de lo que eramos. Nuestros límites los marcamos nosotros cuando aceptamos las creencias que tenemos. Al dar por cierta una creencia la proyectamos en nuestra realidad.  Y si quieres hacer una lista de tus creencias, tan solo tienes que observar tu realidad inmediata: tus relaciones, tu salud, tu economía, tu bienestar.

Las creencias crean.

Si quieres crear tu realidad, has de empezar por cambiar tus creencias. Pero no es algo que nos salga natural. A la hoja si, cuando está preparada, se suelta del árbol. Y cambia completamente su realidad. Ella sabe que si sigue aferrada al árbol, nada cambiará. Ha de intentar hacer otra cosa distinta y elige la muerte.

La muerte es una arcano mayor que simboliza la transformación profunda de la persona. Romper con las programaciones infantiles, lo que era ley para nuestro clan y dejar atrás la seguridad del grupo no es algo que salga natural. A la hoja si, cuando llega el Otoño, todo acompaña para tomar la decisión. Todo huele a “dejar marchar”. Es una vibración en el aire. Todo el bosque vibra en naranja y marrón. Preparándose para entrar en la Oscuridad del invierno.

Y solo en la Oscuridad puede gestarse la Vida.

Emula a la hoja y muere como Ser pasivo e irresponsable de tu realidad. Es tiempo de transformación profunda en la Humanidad.

Eva Vergara Ucelay

 

 

 

 

 

 

 

LAS FLORES TAPABAN TU NOMBRE

El día 6 es tu cumpleaños Abuela y ayer fui a llevarte flores en el día de Todos los Santos.

Recuerdo que cuando era niña, las visitas al cementerio se me hacían algo tedioso y triste, pero conforme he ido creciendo y sabiendo a lo que iba a ese lugar, mi experiencia se ha transformado en algo placentero y diría que incluso necesario.

Al ir metiendo las flores en el pequeño hueco que adorna el nicho voy pensando cómo te gustaría que las colocara y me doy cuenta de que estoy sonriendo. De que por todo mi cuerpo siento una sensación de bienestar que me embarga y que se derrama en esa sonrisa. Cuando pienso en ti, no cabe otra emoción que el Amor.

Te recuerdo nítidamente,  con tus gafas grandotas que ampliaban el color castaño de tus ojos. Tu delantal, hecho de retales de camisas de papá y tus zapatillas de estar en casa. Atareada siempre, ocupándote de todos nosotros, de que no pasáramos frío en la calle, de que no tuviéramos hambre. Y me pregunto cómo pudiste transmitirme tanto cariño.

Conozco tu historia, y sé que pasaste penalidades desde muy jovencita. La separación de tu familia siendo una niña, el irte a servir a una casa desconocida de adolescente, una guerra,…Pero no dejaste que los sinsabores de la Vida llegaran a apoderarse de tu alma.

Celebro tu cumpleaños, porque celebro haberte conocido. No puedo echarte de menos si formas parte de mi misma y te encuentro en cada gesto.

Y solo quiero, con estas palabras, honrar tu memoria, decirte que no te olvido, que la Luz sea contigo y que las flores tapaban tu nombre, de tantas como había.

Eva Vergara Ucelay

UNA ESPONJA QUE FLOTA EN UN MAR

“Todos los bebés nacen con tres “cositas” que nadie ve, pero que están ahí: una esponja que flota en un mar, unas alas y una gran biblioteca”

Así empieza uno de los capítulos del libro “Todos los niños heridos”. La esponja no es más que nuestro inminente cerebro absorbiendo información, sobretodo la prioritaria para sobrevivir, y que flota en el poético mar del líquido cefalorraquídeo.

Esta magnífica maquinaria tiene un hambre insaciable durante la infancia. Los estímulos aumentan las conexiones entre neuronas, creando nuevos circuitos cerebrales en el proceso de aprendizaje. Y según la teoría de las podas sinápticas , cerrando otros por desuso. Así se va conformando nuestra programación. Los guías de esta increíble estimulación, tanto cognitiva como sensorial, y de esta poda son nuestros padres y sus propias esponjas.

Hay una función que aprenderemos muy temprano y que nos hará sufrir enormemente: COMPARAR.

Comparar es examinar dos o más cosas para ver sus diferencias y semejanzas. Y del verbo “comparare”, en latín, deriva “comprar”. ¡Qué curioso! Pues una vez cotejamos dos cosas, te decides por una y la adquieres.

Y esto está muy bien en el mercado. Pero no somos mercancía. Y cuando se aplica a personas en vez de a cosas, siempre hay una que sale perdiendo y otra que queda por encima.

Normalmente no te comparan para resaltar tu virtud, sino para resaltar la de otro y que tú te esfuerces en alcanzarla. Si te comparan con tu hermano más simpático, o con tu hermana más estudiosa, varios agujeritos de tu esponja quedarán “tocados y hundidos”. El resultado de una comparación siempre será una desvalorización. Nuestro valor como personas se cuestiona y dejamos de vernos como un Ser Único e Incomparable.

¿La responsabilidad de nosotros como adultos? Sanar nuestro niño devaluado. Ser conscientes de nuestros pensamientos automáticos cuando salimos perdiendo al compararnos con el vecino y su coche deportivo, o cuando nos sentimos feas frente a la actriz de moda. Ese pensamiento arraigó en nuestra mente cuando eramos niños y a lo largo de los años se ha ido fortaleciendo. Pero toda programación automática se resuelve con la mirada de tu consciencia.

¿La responsabilidad de nosotros como padres? Sanar nuestro niño interno. Solo una esponja llena de pensamientos sanos puede estimular y alimentar, de forma benéfica la esponja de nuestros seres más queridos. Recuerda que no puedes sembrar nada que tú no tengas creciendo en tu interior.

Eres un Ser Único e Irrepetible y lo mejor de todo es que tú decides lo que habita en tu esponja, quiero decir, en tu mente.

Eva Vergara Ucelay

EL ANIMAL DE REEMPLAZO

Hay un fenómeno en los seres humanos que se llama “el niño de reemplazo”. Este término lo utilizó Maurice Porot, un psiquiatra francés, para referirse a aquellos hijos que nacen al poco tiempo de que su madre haya sufrido un aborto o haya perdido a su bebé al nacer o bien con unos pocos meses o años de vida. Después de este gran sufrimiento, la madre queda de nuevo embarazada y tiene lo que se llama un “hijo de reemplazo”, ya que inconscientemente, ese nuevo niño viene a sustituir al que murió, y del que no se ha podido hacer el duelo.

Vincent Van Gohg y Salvador Dalí son ejemplos famosos de hijos de reemplazo.

He visto muchas veces en consulta esto mismo con los animales.

Acaba de morir el perrito de la familia, y enseguida alguien trae a casa un cachorro para “calmar” el dolor de la pérdida. A veces incluso el nuevo cachorro es muy parecido al que falleció, en un intento de “dar el cambiazo” y aquí no ha pasado nada. No es raro que al nuevo miembro se le bautice con el mismo nombre y se le compare con él.

También he visto con frecuencia que un animal sustituye un aborto de una pareja joven.

A los seres humanos nos cuesta mucho enfrentar la muerte. Y estas acciones son totalmente comprensibles, sin embargo hemos de tomar consciencia de que todo tiene sus consecuencias. En su libro, Maurice Porot dio a conocer que los “hijos de reemplazo”presentaban dificultades en su vida porque no se sentían amados por quienes eran, o la confusión de no saber el lugar que ocupaban, les bloqueaba en sus carreras profesionales. Otros presentaban enfermedades inmovilizantes (como se detalla en el libro “El sindrome del Yaciente” del Doctor Salomon Sellan) y la alegría y el placer eran algo que no alcanzaban a sentir ya que portaban esa información de dolor y duelo que marcaba su existencia.

El sentido de la vida que otorgamos al nuevo miembro de la familia tiene en sí el propósito inconsciente de sustituir la compañía y el afecto del que se marchó. Y por tanto ese animal carga con una memoria inconsciente que empapará su forma de comportarse y su vitalidad. Somatizando síntomas o enfermedades que no le corresponden. En realidad cargamos a un individuo con una misión e impedimos que libremente él manifieste y desarrolle la suya.

Os animo a hacer el duelo de nuestros queridos amigos peludos. A nadie nos gusta sentir nuestro cuerpo invadido por la tristeza y la impotencia de verles marchar, pero son las emociones que acompañan las pérdidas. Antes hablaba de “dar el cambiazo” y aquí no ha pasado nada, pero sí, sí ha pasado. Nuestro fiel amigo ha muerto y se merece un respeto. Se merece que estemos tristes el tiempo que necesitemos estarlo. Se merece que lloremos y le echemos de menos.

Así como un nuevo cachorro se merece un nombre especial para él y venir a casa para ocupar su lugar, no para cubrir el hueco de otro.

Eva Vergara Ucelay

Los animales como maestros del Aquí y del Ahora

Elegí estudiar veterinaria seguramente por un incidente que viví de niña: de camino al colegio un gran perro blanco apareció en la calle, todo ensangrentado, tambaleándose y con la mirada perdida, seguramente por el impacto recibido de algún coche. En esa época, los perros de las fábricas andaban sin collares, ni dueños, salían de paseo y volvían a la nave para comer y dormir. Y este valiente debía ser uno de ellos. Yo gesticulaba y lloraba pidiéndole a mi madre que fuéramos a socorrerle. Pero ella tenía miedo de su reacción y sin soltarme de la mano aceleró el paso mientras, para intentar calmarme, me decía: “ahora viene la policía y le lleva al médico de animales”.

Después de 20 años como veterinaria, echo la vista atrás y pienso que si estudié esta carrera para ayudar a los animales, he de confesar que ha ocurrido justo lo contrario: ellos me han ayudado a mí a comprender el juego de la vida y la muerte.

No es un tema del que nos guste hablar, pero hablar de vida sin hablar de muerte, no tiene sentido. Ambas vienen juntas y no es posible la una sin la otra. Y los animales lo saben. Por eso afrontan la vida con tanta ilusión, para ellos es un juego muy serio. Buscar la pelota o atrapar la mosca se convierten en actividades que requieren su presencia al 100%, sus 5 sentidos están Aquí y Ahora y no les vas a convencer de que hay algo más importante que vivir este preciso momento.

Da igual que el frío sea tan intenso que se vea la respiración o que el calor derrita el asfalto de la carretera…es hora del paseo, hora de seguir el rastro de un intruso, hora de marcar el territorio exhaustivamente (un trabajo arduo y a veces ineficaz, pero hay que hacerlo, cada día, varias veces), hora de acicalarse y limpiar el sedoso pelaje y se entregan con pasión. Y lo único que puede hacerles perder interés es que se sientan enfermos, en cuyo caso escuchan su cuerpo y respetan la necesidad de descanso, de ayuno, como grandes maestros que son, conectados con su sabiduría interior.

Porque viven la Vida, cuando llega la hora de marcharse, no hay drama. No hay miedo. Saben que todo irá bien. Que nada de lo que han vivido se perderá, que ha merecido la pena esta experiencia el tiempo que les haya regalado la Madre Naturaleza, esa madre que ahora, en su partida, les espera y les acoge.

Un gran error que se comete con los animales es humanizarlos. A menudo escucho que “Pipa” rompió el sofá por venganza o que “Max” se orinó porque tiene mala leche, pero son incapaces de albergar rencor o resentimiento y mucho menos 2 días después del castigo. Agreden para protegerse o por miedo, orinan para marcar su territorio o por ansiedad, pero no hay una “mala intención” oculta tras un comportamiento totalmente biológico. Las malas y las buenas intenciones son producto de nuestra mente humana que califica y clasifica todo y por eso ellos no saben lo que es la culpabilidad, porque nunca se juzgan a sí mismos, lo que ocurrió se acepta sin buscar culpables. Por eso cuando mueren ni cargan resentimiento, ni culpabilidad, ni todas esas emociones cultivadas por nuestra mente humana, y así, tan ligeros de peso, se les puede ver expirar su último aliento en paz consigo mismos y en paz con el mundo.

Y a la hora de demostrar su cariño...incondicionales hasta la médula. Lo harán sin esperar que les sea correspondido.

 

Caín y Abel y el club del quinto cerdito.

Nuestra biología solo tiene dos lados. El lado izquierdo y el derecho. La lateralidad, en Biodescodificación, es un tema importante pues dependiendo del lado donde se somatice la patología, el conflicto implicará a unas u otras personas.

En el caso de los diestros, el lado izquierdo habla del vínculo entre padres e hijos y el derecho de nuestra relación con los colaterales. Para los zurdos es al revés.

Por tanto todo nuestro universo relacional se puede resumir en:

  • asuntos entre generaciones: con papá/mamá o con mis hijos (yo en el papel de padre/madre).
  • asuntos con colaterales.

¿Qué es un colateral? Me encanta esta palabra.

Un colateral es un contemporáneo, alguien que pertenece a la misma generación: un hermano, la pareja, un amigo; y cualquier conflicto que tengamos con ellos, lo manifestaremos en el lado derecho (los diestros).

Caín y Abel eran colaterales. Y en toda relación entre hermanos siempre hay un Caín y un Abel. Tal vez no lleguen a matarse, pero siempre existe un desequilibrio. ¿Por qué? Por el club del quinto cerdito.

El club del quinto del cerdito era un club secreto hasta que Marc Frechet lo descubrió. Y la verdad nos hizo un favor a todos nosotros. Marc Frechet era un psicólogo francés y le pidió a un granjero que numerase los cerditos según iban naciendo. El experimento que llevó a cabo consistía en seleccionar los cerditos que nacieron en quinto lugar y una vez adultos cruzarlos entre sí. Durante varias generaciones con este proceder pudo observar que la madre favorecía instintivamente al que ocupaba su mismo lugar, es decir, el que había nacido también en quinta posición. Hoy sabemos que el grado de hermandad, como se llama en Biodescodificación, es totalmente real. Y que no hace falta tener cinco hijos para comprobarlo, ya que los números a partir del 3, vuelven a iniciar otro ciclo, de tal manera que el quinto, sería de nuevo el segundo.

1 2 3

4 5 6

7 8 9

Un padre, cuyo número de hermandad es 1, favorecerá instintivamente a su primogénito, y si tiene más de 3, favorecerá también al cuarto. Los segundos y quintos tendrán la misma suerte con el parental que comparte su número de hermandad.

Visto desde la biología, es más fácil aceptar que uno de tus padres tenga preferencia por uno de tus hermanos, pues es un programa inconsciente. Ni siquiera ellos saben que pertenecen al mismo club, aunque tú seguramente te lo olieses al ver cómo se miraban y lo bien que se entendían. ¡No es que no te quiera! Es que su inconsciente le empuja a velar por su homólogo.

¿Qué pasa con Caín? Su historia siempre se cita cuando hablamos de envidia. Daros cuenta que nunca vamos a tener envidia intergeneracional. Si sentimos esa emoción, por primera vez, será siempre envidia de nuestros hermanos. Envidia porque ellos tienen algo que nosotros no tenemos. Y ese algo no es nada material, es el favor de un padre. Favor del que nosotros carecemos o creemos carecer.

Me vais a permitir que siga exculpando a los primeros miembros de la humanidad. En otro artículo ya absolvimos a Eva de su pecado. Y hoy toca sanar la herida de Caín. A mí me parece que ni Abel era tan bueno, ni Caín tan malo. Pero, ¿cómo se puede matar a un hermano? No hay nadie más que pueda sustraerte la atención de tus padres (las personas más importantes en la vida de un niño, completamente dependiente de ellos). No hay nadie más al que se pueda desear que desaparezca, sobretodo si su ofrenda es alabada y la tuya despreciada, como le pasó a Caín.

Permitamos esta emoción en nuestro cuerpo y seamos conscientes de ella, sin el filtro de la moralidad. Pensemos en nuestras hermanas y hermanos y seguro que podemos sentir esa incómoda sensación física, a la que hemos bautizado con el nombre de “envidia”.

En realidad, todos pertenecemos a algún club. Tal vez nuestra madre tirase por nuestro hermano mayor, pero nosotros disfrutábamos de la cálida mirada de nuestro padre. Y esto igualmente, no pasaba desapercibido para nuestro hermano. Dar luz a estos violentos y perturbadores instantes, donde deseábamos la inexistencia de nuestros herman@s permite sanar ese sentimiento. Y si nosotros sanamos, todo el sistema sana. Generación tras generación, hasta llegar al Caín que todos llevamos dentro. Esta nueva consciencia libera a la Humanidad entera.

Desde aquí, desde Evaluziona, mi gratitud a Caín que nos mostró a tod@s lo que es la envidia y cómo no gestionarla:)

Eva Vergara Ucelay

La culpa de Eva. Sanando el pasado.

Toda terapia realmente efectiva, no puede pasar por alto el pasado. El pasado persigue a la persona allá donde vaya, impregnando su Sombra de creencias y prejuicios que solo hacen que ocultar emociones contenidas y haciendo que se comporte tal y como lo hace, sin dar posibilidades a algo distinto. Y la vida se convierte en una repetición de patrones interminable.

Como es en la célula, es en el órgano. Y como es en cada persona, así es en la Humanidad.

Desde Evaluziona, me gustaría reescribir ese pasado y permitir que sane la Consciencia Colectiva del Ser Humano. Dar la oportunidad a Eva, si, la Eva de Adán, a sanar su historia, porque si ella la sana, lo harán todos sus descendientes, entre l@s que me incluyo.

Según vamos creciendo, vamos dejando atrás mitos que nos acompañaron en nuestra infancia. Con los ojos de un niño indefenso, los padres aparecen como dioses todopoderosos. Pero según vamos creciendo, en la adolescencia, nos enfrentamos al dilema de bajar a nuestros padres del pedestal, analizar sus errores y los más condescendientes y atrevidos, a perdonar el daño infligido. Para darnos cuenta, más tarde, que no había nada que perdonar ya que ellos hicieron todo lo que estuvo en su mano, dado su nivel de consciencia.

La Humanidad ahora atraviesa ese paso a la adolescencia. Nuestros valores han crecido, pensamos en crear un mundo mejor y estamos comprometidos con el planeta. Por eso es importante que la historia que nos han contado, y que hemos dado por cierta con la ignorancia e inocencia de nuestra niñez, sea reinterpretada y sanada por la Luz de nuestra conciencia.

Lo primero y más urgente: quitar la culpa a Eva. Cuantos siglos cargando con ese peso infame e injusto del “pecado original”. Cuantos siglos ser mujer ha sido castigado!!! La culpa solo sirve para manipular a las personas.

Cuando escuché a Laurent Daillie decir que la mentira es una estrategia inconsciente, utilizada por un niño para no defraudar a sus progenitores y asegurar su supervivencia, much@s de los que estábamos en la sala, respiramos profundamente. Este hombre carismático, nos había quitado un gran peso de encima, pero sobretodo nos había regalado un mayor entendimiento de nuestro niñ@ interno. ¡Cómo cambiaba la historia! Ya no eramos “mentirosos”, eramos “supervivientes” y nuestro pasado se percibía diferente, por lo que nuestro presente también cambiaba.

Aquel recuerdo de mi niña, mentirosa y débil, que prefería olvidar, se tornaba exenta de culpa y con un brillo de heroísmo en sus ojos.

Me dispongo a hacer lo mismo con mi tocaya original y su pecado adjunto. Si podemos mirar a esa mujer, con ojos adolescentes, esa mujer que lo tenía todo sin esforzarse, en un Edén dispuesto para que su consciencia durmiera eternamente, y descubrir su valor y la gran confianza que tenía en la Vida, podremos sanar nuestro “pasado colectivo”.

Estamos acostumbrados a manejar el término “salir de la zona de confort”. En este nuevo mundo que queremos crear, salir de la zona de confort es prácticamente inevitable. Tenemos que dejar atrás lo conocido, la comodidad de la rutina y de tenerlo “casi” todo y arriesgarnos a dar el paso, o en su caso, el mordisco.

¿Y qué nos impulsa a hacer eso? ¡Es una locura!! Tal vez la misma insatisfacción que medraba en Eva. Algunos nos arriesgamos porque aun teniéndolo “casi” todo, nos falta lo más esencial: respeto por uno mismo. Ser fiel a tu corazón. Hemos podido mantenerlo “casi” mudo, pero en un momento dado el dolor es demasiado grande y empiezas a sospesar si, perder tu comodidad, compensa al ganar tu respeto.

Si, por supuesto. Compensa. Aunque duela.

Y eso es lo que pensó Eva. Rodeada de cuantos tesoros pudiera imaginar, su corazón le decía que había mundos por engendrar, que podría dejar volar su creatividad y sembrar belleza y vida. Como cuando un niño desea imitar a sus padres, y correr como ellos y hablar como ellos. Es su naturaleza: emularlos. Si no lo hiciera, nunca crecería.

Imaginad si regañamos a un niño por su anhelo de crecimiento!!!!!

Eva, solo hizo lo correcto.

Querer parecerse a su Padre, o al ser que consideraba su padre (cada cual a su gusto, ya que es vuestra historia). Y para hacer lo correcto, tuvo que armarse de valor y desobedecer. Cuestionarse las leyes impuestas (signo de madurez) y dejar atrás su zona de confort. ¡Respirad profundamente! La Madre de la Humanidad nos está dando una lección de arrojo y claridad mental.

Cambiad el origen de nuestra historia como seres humanos. Mirad a Eva con una mirada nueva y así como todos los niñ@s heridos pueden sanar, que sane el arquetipo femenino en nuestro inconsciente colectivo. Pues es honorable desear concebir mundos llenos de vida.

Todos nostr@s llevamos sus genes, ¡ojo! Miremos a esta ancestra con admiración y agradecimiento porque si no fuera por ella, ninguno de nosotros estaría aquí. En este punto de inflexión, en este despertar de la consciencia.

Mi tributo, a esta mujer excepcional, que me recuerda cada mes mi poder de creación.

Eva Vergara Ucelay

La inmensidad

Visión tercera

Cuando veo las ruinas arqueológicas de alguna ciudad, no puedo evitar que mi mente se desate e imagine la clase de personas que habitarían entre aquellos muros y cómo serían sus vidas. De hecho, si permaneces el tiempo necesario, y permites la experiencia, la vibración del lugar puede invadirte y llegas a sintonizar con la esencia de sus gentes y sus quehaceres.

Te das cuenta de que la inmensidad se alimenta de historias mensurables. Historias que empezaron y acabaron. Una tras otra se van sucediendo en el trascurrir de los siglos y se entrelazan con las de otras ciudades cercanas. Y así va avanzando esa civilización, hasta que un buen día, desaparece dejando los restos de sus templos, los restos de sus hogares y saturando el éter de voces, que cuentan sus hazañas y desventuras.

La ciudad nace, crece y desaparece dejando un legado, a semejanza de un ser vivo. Tan vivo, que dentro de sus construcciones alberga las idas y venidas de sus habitantes…Las envidias entre hermanos de los gobernantes que van a ir desencadenando traiciones e intrigas para hacerse con el poder. Los amores de dos jóvenes, de religiones distintas, que harán estallar altercados entre clanes, obligando a los implicados a cuestionarse la propia existencia, si no es posible vivirla con amor, y un largo etcétera.

Los dramas se suceden entre los muros de la ciudadela, alimentados por dos fuerzas. La que incita y la que aplaca. La que hiere y la que sana. La fuerza que desea ir más lejos y la que prefiere quedarse. Son las  fuerzas que crean la vida, tejiéndose como una trenza.

Descarta alguna y no tendrás historias. Elimina la fuerza que incita, y la situación se irá estancando hasta morir. Suprime la fuerza que sana, y la herida crecerá hasta perecer. Excluye la fuerza que prefiere ir más lejos, y la que se queda se extinguirá por si sola.

Se necesitan las dos caras para tener la moneda completa. Se necesita el Cielo y la Tierra para que crezcan los árboles.

Y en nuestras vidas pasa lo mismo. Nuestras historias se nutren de esas dos fuerzas, encarnadas en nuestros padres generalmente. El padre que alienta y la madre que deprime. La madre que acaricia y el padre que golpea. Y así con todas las cuestiones importantes, se nos muestra la dualidad y se genera el devenir y el desarrollo de la persona que normalmente se decanta por una de las fuerzas rechazando la otra, sin ser consciente de que ella misma es fruto de su entrelazado.

En terapia, una inmensa cantidad de consultas tienen que ver con el rechazo de alguna de las fuerzas. Unos rechazamos el Yang, y otros rechazan el Yin. Y esa parte rechazada va a esconderse a la Sombra. No puede irse a otro lado porque forma parte de nosotros como nuestra dotación genética. Si rechazáramos la mitad de nuestros cromosomas (n), no existiríamos porque somos organismos diploides (2n). Por tanto si existimos, es que llevamos las dos mitades.

La inmensidad que Yo Soy, se alimenta de historias mensurables. Vidas que empezaron y acabaron y que persisten en la eternidad de mi Alma. Una tras otra se van sucediendo en el trascurrir de los eones y se entrelazan con las de otras almas cercanas. Y así va avanzando esta civilización, que Soy Yo.

Cuando abandone este cuerpo, me gustaría llevarme integradas estas dos fuerzas. Si no lo consigo, repetiré la misma historia por pura resonancia. Si lo consigo, habré ampliado mi consciencia y estaré lista para proyectar, si para proyectar, una nueva historia.

Desde aquí mi más cordial agradecimiento a María, Alberto, y en especial a Gema y Paco, de Libertad Emocional por su contribución a esta “visión”.

Eva Vergara Ucelay

 

 

 

 

Empieza la andadura, día 1

3 de Noviembre de 2017

Cualquiera puede pensar que una mujer de 47 años, con dos hijos, un trabajo estable ligado a una titulación y una vida cómoda no debería plantearse un cambio de aires. Sin embargo es precisamente cuando necesito hacerlo. El sistema no está preparado para esto, he invertido 20 años o más para formarme y ahora que domino la tarea digo que quiero empezar de cero y aprender otra cosa. Eso no es posible!!, y la productividad? y las ganancias?

Sin embargo, llega el momento de hacerme caso, dejé atrás el complacer primero a los demás y no hay postergación posible. Tomo la decisión y con ella empiezan a cerrarse puertas y abrirse otras, cortas el hilo que te une a determinadas posibilidades y empieza a enlazarse otra cadena de situaciones potenciales con mi persona. Así de maravilloso, con cada decisión que tomo, con cada acción consciente voy encaminando mi futuro.

¿Y si me preguntan por qué? No quiero enfermar por “la vida no vivida”, es una enfermedad común hoy en día, los síntomas son apatía y desgana aparentes, y detrás del telón, bien escondido de miradas ajenas, un creciente enfado contigo misma, por no atreverte a vivir, por solo intentar sobrevivir.

¿Y si me preguntan qué necesidad hay? Toda y ninguna, es justo cuando se llega a la paradoja que puedes darte el lujo de disociarte de tu realidad y ser puramente observadora. Me digo, podría seguir en mi puesto, rumiando resentimiento y llegar a la muerte pensando que aprendí lo que tenía que aprender. O podría salir de mi zona de confort, creyendo en mi misma y llegar a la muerte pensando que al menos lo intenté. Y ciertamente si puedo elegir, como es el caso, elijo creer en mi misma.

Eva Vergara Ucelay